August 14, 2006
El Mal Rollo Imperial
Cuando uno visita según que museos se encuentra con muertos, es normal. Desde momias egipcias, hasta nuestros cándidos antepasados íberos. De hecho, es relativamente normal que se presenten en una reconstrucción de sus lugares de enterramiento. El visitante los observa, aprende de ellos y no le da demasiada importancia. Claro, esto es proque no nos identificamos con ellos o los consideramos nuestros antepasados directos.

En Egipto, al trasladar por el Nilo las momias faraónicas del Valle de los Reyes (¡Dios quiera que llegue a visitarlo!) hasta Alejandría o El Cairo, los habitantes de sus orillas se reunían para verlos pasar y rendir un último homenaje a los que habían sido sus Reyes. Para ellos, esos cuerpos eran su historia viva.
Una sensación parecida sentí yo, al abrir el otro día la prensa y encontrarme con la foto de la momia del Emperador Carlos V: durante su primer lugar de enterramiento en Yuste, las condiciones del terreno hicieron que momisficase. En el siglos XIX y durante la república en el XX, se abrieron las tumbas reales y se sacó dicha fotografía. Personalmente, me da muy mal rollo ver el cadáver del augusto padre del segundo de los Felipes así expuesto. Carlos V es parte de nuestra memoria histórica y ver su cuerpo así ajado me parece una profanación.
Es curioso ver cómo unos muertos nos afectan más que otros a la hora de recordarlos.

Ver los huesos de una necrópolis visigoda no me afecta lo más mínimo, pero ver el rosto, tan parecido al de los cuadros, de su majestad imperial es como estar delante de los restos de un viejo amigo.
Entiendo que el Rey no haya querido dejar que se volviera a abrir el sepulcro (la petición era para poder determinar la causa de la muerte de Calos I de España, las pruebas se hicieron sobre una reliquia de su dedo conservada en la sacristía de El Escorial, otro día cuento su historia).
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